lunes, 4 de junio de 2007,21:22
Arboles de karne; hojas de piel.

Atravieso el parque un otoño más, otro día más caminando hacia ningún sitio. La luz es débil y al andar voy dando suaves patadas a las hojas muertas que yacen esparcidas por el suelo. Miro cómo los árboles empiezan a quedarse desnudos. Los árboles no le piden demasiado a la vida, sólo un poco de agua y algo de luz. Y muchas veces nosotros ni siquiera les dejamos disfrutar en paz de estos pequeños placeres. Llevan aquí miles de años, aguantándonos estoicamente, resistiendo en silencio... Pero algún día se tomarán justa venganza. Nos clavarán al suelo como estacas, nos darán de comer de vez en cuando y nos cortarán el pelo y las uñas en la estación adecuada. Las parejas de árboles enamorados grabarán sus nombres en nuestros cuerpos con cuchillos afilados, y el rojo intenso de la sangre será la prueba fehaciente de que su amor será eterno y apasionado. Harán que nos multipliquemos mediante inseminación artificial en enormes invernaderos, donde además experimentarán múltiples y curiosas combinaciones a través de injertos de todo tipo. Fabricarán bonitos muebles con cuerpos humanos, y nuestra carne resultará ser un excelente combustible para calentar sus comfortables hogares, muchos de ellos construídos con gente disecada. Y cuando llegue el otoño, serán ellos los que caminen entre restos de piel muerta y gastada.

Plagio!



 
posted by Chik!
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,20:52
Vida eterna en cinko minutos !

Llamo al timbre de su voz y me cuenta que de pequeño fue niño feo y suicida. Ídolo con pies de barro, posteriormente moldeados a su gusto. Como debe ser. Ha dado varias veces la vuelta al mundo, poniéndolo del revés y siendo así de los pocos que le han visto las costuras. Sus manos gesticulan con nerviosismo y sus ojos recorren la habitación para entretenerse mientras conversamos. Se deslizan bajo la alfombra, se detienen frente a un espejo, recolocan algún cuadro torcido, hacen cosquillas a las patas de la gran lámpara de araña que cuelga dormida sobre nosotros… En el antiguo salón, decorado con un gusto exquisito, bebemos té azul marino servido en delicadas tazas de mimbre. Me enseña su colección de estornudos, que guarda en un gran frasco de cristal bajo la cama. Ata los cabos sueltos y retoma la historia de cómo consiguió cazar esa gamba cuya cabeza exhibe disecada en un marco sobre la chimenea. Me dice que siempre viaja ligero de equipaje: con una maleta llena de polvo y con los bolsillos llenos de aire. Es un orfebre del fallo, un perfeccionista del error. En su pequeño circo, los enanos hace tiempo que crecieron y fueron devorados por los leones. Y de nuevo me repite que nació sabiendo lo suficiente y la vida lo ha ido convirtiendo poco a poco en un ignorante. Pero admite que, después de todo, él también ha vivido. Y todavía resiste. Ni siquiera la brisa de un parpadeo logra hacerle besar el suelo (él es de los que prefieren dejarse besar) Mantiene la esperanza en equilibrio sobre su cabeza a pesar de todo. A pesar de todos esos tipos que aseguran tener un autógrafo de Dios y que dicen ofrecer alivio mientras llenan las almas de cicatrices. A pesar de los recuerdos, algunos como una suave brisa otros como agujas bajo las uñas. - "Siempre es mejor que sentarse a esperar a la muerte" Y de esta forma sigue avanzando. Como un funambulista sobre un alambre de espino. Aunque ya sepa de sobra que tan sólo se trata de una cacería contra el tiempo, los rifles cargados con munición de corcho. Aunque algunas noches, el filo de las estrellas corte como una cuchilla. Aunque en un rincón de esta casa aún arda un corazón empapado en lluvia.
 
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